jueves, 10 de febrero de 2011

En construcción

Desde que en octubre de 2005 comencé a llevar un blog, he usado este recurso como un cuaderno de bocetos, de anotaciones, memoria de lecturas y viajes. Cuaderno de bitácora más que diario, esta intangible realidad ha tenido esa sutil tensión que se siente cuando uno hace algo a lo que le va construyendo valores, que piensa representativo de una parte de la propia vida que quisiérase no ir olvidando y que, por tanto, es un compendio de intimidad difícil de compartir mas, precisamente, a la vez, se siente el deseo de mostrarlo a alguien, como quien abre un álbum de fotografías y comienza a narrar su pequeña historia, siguiendo el a veces azaroso orden de imágenes que se han ido sucediendo página tras página.


Ya sea por injustificada sensación de soledad o deseo de trascendencia, el impulso de llevar una bitácora conlleva una existencial contradicción. Así, bajo el título de Crónicas del Asterión fui reuniendo una serie de muy desordenadas anotaciones que dejaba expuestas a la intemperie de lo público, como quien olvida su libreta de dibujo en el banco de un parque.

Cada día nuevas páginas, bitácoras, portales, ratifican la concepción de hacernos presentes en un ágora, etérea en su constitución topológica, concreta en las posibilidades y consecuencias de su hechura electrónica. Una paradójica realidad en la que se van abriendo y habitando plazas virtuales mientras en nuestras ciudades se cierran o destruyen los espacios públicos. En particular, la página de un amigo –admirable por demás gracias a su capacidad de trabajo y esmero–, el arquitecto Víctor Sánchez Taffur, me resultó inspiradora y, más recientemente, la del Prof. Oscar Tenreiro me ha dado otra lección de constancia, perseverancia, autenticidad; ambas, muy serias, claras, francas.

Esos dos ejemplos intensificaron una reflexión: soy un arquitecto dedicado a la academia, un profesor universitario y, como tal, con una misión muy concreta: investigar, estudiar y acompañar a aprender. Concibo al conocimiento como una construcción que se realiza como proyecto abierto, voluntario, libre, vivo, dinámico, responsable. Pienso el ser docente en términos de un compañero colaborador, facilitador, eventualmente coordinador, gerente y/o supervisor de ciertas actividades. Así, me pienso en la misión de ofrecer, propiciar, favorecer, poner a la disposición de quien trabaja en aprender algo, aquello que puedo saber hacer y que resulte para su bien o provecho. Es mi responsabilidad y compromiso hacerlo cada vez mejor, con pasión e integridad, garantizándole a la institución y a la sociedad que aquello que puedo dar es bueno y útil para quien aprende, que me esmero en ayudar para que aprenda, y que doy fe de que así lo hemos hecho.

Soy un medio para quienes, siendo estudiantes, disponen de mí como profesor durante su aprendizaje o para quienes, a través de mis modos de expresión, sienten y piensan que puedo ayudarles a comprender en algo estos fenómenos particulares de nuestro ser cultural que denominamos poesía, arquitectura y ciudad.

Desde otra perspectiva, mi ser académico no puede enajenarse del ser arquitecto. En mi persona, la práctica profesional del arquitecto debe estar subordinada a la práctica profesional del académico, pero debe existir; sin duda debe existir para enfrentar el riesgo del ostracismo academicista. La búsqueda de oportunidades para el ejercicio armónico de ambas prácticas es también uno de los motivos de esta presentación.

He estado integrado durante doce años a una institución de trescientos años de historia (la UCV) en la cual está la primera Escuela de Arquitectura del país (que este año celebra su 70º aniversario). Cada día me siento más honrado y orgulloso de poder formar parte de ella. Estoy arraigado a ella y desde ella me proyecto. No puedo explicarme ya sin sus voces, colores y corredores.

Con todo lo dicho, reconozco que soy un actor formando parte de un auditorio respecto del cual tengo gran responsabilidad. Así resumo mi experiencia hasta este momento y declaro el objetivo de este otro blog (que en realidad pertenece a un conjunto de cinco que pienso como sistema): exponer los segmentos teóricos que, creo, sustentan mi saber hacer, mientras intento captar o imaginar oportunidades de proyectos arquitectónicos que me permitan practicar mi profesión de arquitecto desde los fundamentos profesionales que me hacen ciudadano universitario.

Agradezco pues la gentileza de sus lecturas.

Sean bienvenidos al paisaje de estas líneas.



hz.

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